Últimamente se habla mucho de la responsabilidad afectiva, y esta consiste en ser responsable de nuestras actitudes, conductas y palabras que influyen a las personas que nos rodean. Se trata de ser conscientes del impacto de nuestras acciones en los demás, que este impacto puede ser positivo como negativo.
Desarrollar nuestra responsabilidad afectiva no significa que podamos invalidar emocionalmente, no respetar los límites, mantener oculta información relevante o hacer que la otra persona adivine nuestros sentimos, es todo lo contrario.
Otra cosa a tener en cuenta, que la responsabilidad afectiva no se basa solo en las relaciones románticas, se basa en todo tipos de relaciones que tengamos, aunque sea una relación de corta duración como de larga, puede ser con amistades, conocidos, compañeros de trabajo, familiares…
Para trabajar en la responsabilidad afectiva debes trabajar con varias cosas:
- Identificar nuestras propias emociones: Antes de querer comprender las emociones de las otras personas, primero debemos conocer nuestras propias emociones, si nosotros mismos no sabemos identificar que emociones sentimos y como gestionarlas no podremos ponernos en la piel de la otra persona para empatizar con ella. Si no saber gestionar tus propias emociones puedes ver el vídeo que publiqué donde explico como gestionar las emociones: “¿Cómo gestionar las emociones?”
- Ser empático: La empatía es uno de los elementos más importantes de la responsabilidad afectiva, ya que esta nos permite poner en el lugar de la otra persona y esto repercute directamente a la calidad de nuestras relaciones personales. Trabajar la empatía implica que seas una persona que escucha activamente, presta atención a las necesidades y preocupaciones de las personas que te rodean, y responder a todo ello de manera comprensiva y solidaria.
- Comunicarse de forma sincera y honesta: Esto implica que a la hora de comunicarnos debemos expresar nuestras emociones y necesidades de manera clara y respetuosa, como quisiéramos que nos hablen a nosotros mismos, pero también debemos estar dispuestos a escuchar y comprender las emociones y necesidades de la otra persona. Fomentando la confianza y evitando los engaños y los juegos emocionales que nos llevan a tener relaciones tóxicas.
- Poner límites: Tener responsabilidad afectiva no quiere decir que las otras personas no te respeten y te dejes que te traten mal. Tienes que poner límites, si algo no quieres hacer o se pasan de la ralla tienes que decirlo, siempre con respeto. Si quieres aprender más a como poner límites puedes ver un vídeo que publiqué donde hablo de ello: “Aprende a poner límites”
- Gestionar los conflictos: Una cosa que debemos aceptar es que no podemos evitar los conflictos de por vida, en ocasiones son inevitables y según como los gestionamos podemos marcar la diferencia. Podemos buscar soluciones constructivas, comprometernos en solucionar el problema o tratar de comprender el punto de vista de la otra persona, pero si te comprometes a algo debes hacerlo. Así que, la gestión de conflictos siempre requiere paciencia, empatía y estar dispuesto a encontrar una solución satisfactoria para todos los implicados en el conflicto.
Todos estos puntos que hemos hablado te van a ayudar a mejorar tu responsabilidad afectiva, y aunque no lo parezca también nos aportan a nosotros mismos, a tener una mejor autoestima, a aprender a gestionar nuestras emociones, a construir relaciones desde la honestidad y el respeto y a mejorar nuestra forma de afrontar los conflictos.
Si quieres aprender a gestionar mejor tu responsabilidad afectiva y quieres trazar un plan no dudes en contactarme, haremos un plan personalizado y trabajaremos en ello.
